Una sociedad en la que está prohibido el aburrimiento, matriz de todos los inventos, madre de todos los “vicios”, es una sociedad en peligro de muerte. Más aún si se repara en el hecho de que esos procedimientos materiales de fuga organizada –del turismo a las nuevas tecnologías– erosionan al mismo tiempo la conciencia y el planeta.En otro de mis libros hablaba del turismo como de una “mirada caníbal”, la expresión más banal, más placentera, más inocente de esa prolongación del aparato digestivo en que hemos convertido la reproducción de la vida en Occidente. Hay motivos ecológicos para comer menos carne; y hay motivos ecológicos, culturales y políticos para viajar menos. Desde un punto de vista material, el planeta no puede permitirse 90 millones de vuelos al año; y no hay que olvidar que, mientras son unos pocos millones de personas las que se desplazan del sur al norte para buscar trabajo o huir de la guerra –y tropiezan con todo tipo de obstáculos– son 1000 millones las que lo hacen del norte al sur, sin que nadie las detenga, para hacerse una fotografía. Este segundo tipo de desplazamiento, destructivo ecológicamente hablando, es difícilmente justificable en términos culturales: la industria del turismo convierte el desplazamiento en lo contrario de un “viaje”; lo contrario –es decir– de una experiencia individual transformadora. Los inmigrantes y refugiados son individuos y viajan; los turistas forman colectivos abstractos protegidos por pasaportes privilegiados y se limitan a consumir experiencias manufacturadas.No hay amor sin cuerpo y sí, por desgracia, cuerpos desprovistos de amor y algunos incluso desprovistos de vida sexual. Creo que buena parte de las desgracias del mundo y de las relaciones de poder injustas se nutren de este dolor de los cuerpos.Santiago Alba Rico, em entrevista
Subscrever:
Enviar feedback (Atom)
Sem comentários:
Enviar um comentário