el
colectivo LGTBI sufre la precarización promovida por el neoliberalismo
contemporáneo de formas específicas, pero en ningún caso en menor medida
que el resto de la población. Sobran ejemplos de los impactos nocivos
de la mercantilización de lo LGTBI y de la estrecha dependencia del
colectivo respecto al mercado. Miles de lesbianas, bisexuales, gays y
trans que han emigrado a las grandes ciudades en busca de una vida más
libre se encuentran atrapados en una jungla de alquileres inflados por
empresas como Idealista, una de las patrocinadoras del Orgullo de
Madrid. Hasta hace relativamente poco, las personas LGTBI estaban atadas
a barrios como Chueca, los espacios con menos homofobia dentro de las
grandes ciudades. El grave proceso de gentrificación que ha sufrido
Chueca muestra la vulnerabilidad a la que nos exponemos como colectivo
al dejar que nuestros espacios de socialización y nuestra comunidad
dependa tan directamente de las dinámicas canibalistas del mercado
–alegremente explotadas por empresas gayfriendly. Otra compañía que
intenta lavar su imagen en las aguas del Orgullo es Air Europa, que
además de enriquecer a sus accionistas acelerando el cambio climático,
se ha lucrado poniéndose al servicio del Estado para deportar a
migrantes residentes en nuestro país.
Pablo Castaño (d'aqui)
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